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Artículos de Interés
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Características del cuidador y alertas a tener en cuenta.

La figura del cuidador/a


Los cuidadores son aquellas personas que se encargan de ayudar en las actividades de la vida diaria a personas que no pueden desempeñar estas funciones por sí mismas, y velan porque la persona en situación de dependencia reciba los cuidados necesarios que aseguren una calidad de vida adecuada.

Pueden ser:

Profesionales, como el personal remunerado de los organismos de atención domiciliaria, servicios diurnos / nocturnos y residenciales.

- No Profesionales, los cuales pueden ser familiares, amigos o allegados a la persona en situación de dependencia.

La diferencia fundamental entre un cuidador profesional y uno no profesional, se concreta en la relación contractual que se establece entre la persona atendida y el cuidador.

En el caso del cuidador profesional, la relación se caracteriza por ser eminentemente laboral, con un horario previamente acordado y unos cuidados especializados que permiten mejorar la calidad de vida de la persona atendida. Cuando se contratan los servicios de un cuidador profesional, se pretende que éste cubra una área de atención a la persona que aquellos que están en su entorno más inmediato no pueden abordar. Para ello, el profesional tiene que estar formado y especializado en las funciones que desempeña.

Las personas que cuidan de otros lo hacen por muy diversos motivos, pero suele ser frecuente que exista una relación familiar o un compromiso personal del cuidador con la persona atendida, y que se encuentre basado en la afectividad y no en relaciones contractuales. Esto no significa que exclusivamente quien reúna estas características puede ser considerado cuidador no profesional, la diversidad social de situaciones que nos encontramos ha llevado a que estos roles sean asumidos por personas que no tiene por qué tener lazos familiares y sí una comprometida vocación hacia los cuidados de otras personas.

Como características comunes podemos decir que los cuidadores no profesionales:

  • Son personas que ocupan gran parte de su tiempo personal en atender necesidades básicas de otros individuos.
  • No existe un horario fijo ni estipulado que marque la atención que recibe la persona en situación de dependencia.
  • No existe un beneficio económico a cambio de desarrollar la labor de cuidador.
  • No tiene porque tener una formación especializada, aunque sí una disposición a mejorar la experiencia que se tiene en cuidar y a participar en las formaciones que se le ofrezcan y estén reguladas por Administración.

La atención integral de la persona implica entre otros la consecución de los siguiente objetivos:

  • Promocionar la autonomía de la persona en situación de dependencia.
  • Favorecer habilidades de comunicación: interpersonal, expresión de sentimientos, asertividad, empatía y escucha activa, en relación a la persona cuidadora y al entorno.
  • Garantizar unas medidas higiénico sanitarias.
  • Prevenir riesgos en el domicilio.
  • Prevenir lesiones.
  • Realizar las tareas del hogar, etc.

Sin olvidar la importancia de priorizar la formación del cuidador hacia la prevención del estrés y la sobrecarga de la persona cuidadora entrenando en habilidades y estrategias de autocuidado.

El cuidador puede necesitar ayuda cuando presenta síntomas tales como:

  • Aumento de irritabilidad.
  • Problemas de sueño.
  • Pérdida de energía, fatiga.
  • Aislamiento.
  • Consumo excesivo de: tabaco, alcohol, cafeína, fármacos.
  • Problemas físicos: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas.
  • Problemas de memoria.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Menor interés en personas y/o actividades que eran objeto de interés.
  • Aumento o disminución de apetito.
  • Actos rutinarios repetitivos. Ej.: limpiar continuamente.
  • Cambios de humor, dando importancia a detalles pequeños.
  • Dificultad para superar sentimientos de depresión o nervios.
  • Tratar a personas de la familia de forma menos considerada.

Para cuidarse a sí mismo, el cuidador debe pedir ayuda y buscar apoyo en los profesionales, familiares y amigos. Pedir ayuda es una excelente forma de cuidar.

El cuidador tiene que poner límite a la cantidad de cuidado, es decir, aprender a delegar, saber decir que no, tener hábitos saludables, aprender a controlar el estrés y los sentimientos negativos.

Si el cuidador se siente enfadado tiene que:

  • Pensar que los comportamientos irritantes o molestos de su familiar, son consecuencia de la enfermedad. Aunque la conducta de la persona dependiente sea ofensiva, no se debe interpretar que su objetivo es la ofensa.
  • Pensar que lo que resulta molesto no es la persona, sino un modo concreto de comportarse.
  • Comentar esos enfados y lo que se siente.
  • Reconocer que uno tiene derecho a enfadarse.
  • Expresar sentimientos. Frustraciones, temores, resentimientos, sin tener que “explotar”.
  • Utilizar técnicas de relajación.

Si el cuidador se siente deprimido tiene que:

  • Identificar en qué situaciones o momentos se ve triste o deprimido.
  • Evitar si es posible las situaciones anteriores, o sino intentar cambiarlas.
  • Realizar actividades gratificantes. La actividad es enemiga de la depresión.
  • No pretender hacer más de lo que es posible.
  • Marcarse metas realistas.
  • No decir “debería”.
  • No intentar resolver todos los problemas a la vez. Abordar primero un problema y luego otro.
  • Marcarse prioridades. Si el problema es complicado, dividirlo.
  • Hábitos saludables.
  • Buscar el lado positivo de las cosas. Sentido del humor.

Ante sentimientos de culpa, el cuidador:

  • debe identificar situaciones.
  • no debe sentirse culpable de sentimientos, actitudes, comportamientos pasados con la persona que se cuida.
  • debe saber que no es responsable de la enfermedad de la persona cuidada.
  • no desea la muerte de la persona que cuida para que ésta deje de sufrir o por liberarse.
  • no manifiesta enfado ante comportamientos de la persona cuidada.
  • no debe descuidar otras obligaciones familiares o personales.
  • no decide el ingreso en residencia.

Pautas de manejo:

  • Identificar los sentimientos de culpa.
  • Aceptar que son algo normal.
  • Buscar razones para los mismos e intentar  analizarlos (con alguien).
  • Expresar esos sentimientos.
  • Admitir los límites que todos tenemos.
     

Cómo cuidar mejor
 

 Ser realista pero positivo con el familiar. Estar atento no solo a lo que no puede hacer, sino a lo que puede hacer. Tener expectativas realistas.

 Dejar que la persona mayor haga todo lo que pueda por sí mismo. Fomentar la autonomía. Recordar las cosas que puede hacer. “Vamos a hacer esto juntos”, “déjame ayudarte”…

 Procurar que la persona cuidada tenga el mayor número de responsabilidades. En muchas ocasiones les ayudamos en tareas que pueden hacer por sí mismos, por el simple hecho de terminar antes y pensar que nosotros lo haremos mejor.

 Hacerle participar, dentro de sus posibilidades, en la vida diaria.

 Ser paciente y mantener la calma.

 No pensar que porque algo ocurra una vez, tiene que ocurrir siempre.

 Fomentar el orden y la rutina.

 Evitar cambios y sorpresas.

 Simplificar las tareas.

 Fomentar la autoestima.

 Cuidarse a uno mismo es esencial para poder hacer frente a esta etapa de la vida. Olvidamos que el cuidador necesita tanta ayuda o más, que el propio enfermo.

 


Bibliografía:


APA (2002). DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson.
- Arroyo-Anlló, E. (2002). Estimulación psicognoscitiva en las demencias. Barcelona:  Prous Science.
Heston, L.H. (1998). Avances de la Enfermedad de Alzheimer y estados similares. Barcelona: J & C.
Molloy, W. y Caldwell, P. (1998). La enfermedad de Alzheimer. Barcelona: Paidos.
Peña Casanova, J. (1999). Enfermedad de Alzheimer. Barcelona: Fundació La Caixa. Disponible en internet (consultado el 16 de octubre de 2009).
Peña Casanova, J. (1999). Las alteraciones psicológicas y del comportamiento en la enfermedad de Alzheimer. Barcelona: Fundació La Caixa. Disponible en internet (consultado el 16 de octubre de 2009).

 

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